Bienvenidos un día más al blog de Amular. En esta ocasión esta entrada va a ir dirigida a aprender un
poco porqué se produce una pérdida de olfato cuando se tiene una laringectomía total y el
mecanismo que usamos para rehabilitarlo.
El olfato es un sistema primario de alerta, participa en la definición de la identidad individual y tiene
un papel importante en la memoria, las emociones y la sensación de placer.

Cada uno de nosotros tenemos un olor único que nos identifica, no hay mejor ejemplo que ver como
un bebé reconoce a su madre por el olor.
El olfato nos sirve como primer sistema de alerta:

humo, olor a comida en mal estado, las fugas de gas….
La relación del olfato con el gusto es muy importante, porque a día de hoy comer no es solo una
necesidad para sobrevivir, sino un placer que compartimos a nivel social.
Por todo lo anterior, la anosmia (pérdida total del olfato) puede tener repercusiones negativas físicas
como sociales.
Una persona con anosmia, al no poder saborear bien lo que come puede perder las ganas de comer,
de cocinar y esto en los casos más graves, llegar a provocar un estado de malnutrición.
Al no poder compartir experiencias olfativas y gustativas es más posible el aislamiento social. El no
percibir el propio olor puede crear inseguridad a la hora de relacionarse.
Por ello y pese a que la secuela más llamativa y limitante tras una laringectomía total es la pérdida de
voz, el olfato no puede olvidarse.


Vamos a recordar brevemente que una persona que se ha sometido a una laringectomía total no tiene
laringe. Esta alteración anatómica conlleva a su vez alteraciones funcionales como son la pérdida de
voz o la pérdida de flujo aéreo nasal (el aire inspirado y espirado, ya no pasa por la nariz), ya que la
persona pasa a respirar a través de un estoma en el cuello.
Esto tiene alteraciones a nivel respiratorio, de las que os podemos hablar en otra ocasión, ya que la
función de la nariz dentro del sistema respiratorio se pierde y también consecuencias a nivel de olfato
y gusto, ya que el epitelio olfativo del techo de las fosas nasales no se estimula, y por tanto cuesta
identificar olores. El gusto también se ve alterado por la estrecha relación que hay entre ambos
sentidos.

Por lo tanto y, debido a la laringectomía total, tenemos una alteración del olfato a nivel transmisión
(tendríamos que descartar que el sistema olfativo tenga algún otro daño, por lo que idealmente se
debería evaluar antes de la operación para saber su estado previo y evitar frustraciones innecesarias
en el proceso de rehabilitación) nuestra vía olfativa está intacta pero al no pasar aire por la nariz, no
pasan las moléculas olfativas que estimulen el epitelio y nos permiten oler.
Para reestablecer el flujo aéreo nasal se han desarrollado distintas técnicas como el by-pass laríngeo
o la “maniobra de inducción de flujo aéreo nasal” o “técnica del bostezo educado”. A continuación
hablamos de ambas.

Rehabilitación con by-pass laríngeo
Se trata de un tubo que conecta el traqueostoma con la boca del paciente, así cuando la persona
inspira el aire, entra por las fosas nasales, de estas pasaría a la boca y de la boca, a través del tubo, al
estoma y a la vía aérea inferior. En la espiración el aire realiza el recorrido inverso. De esta forma se
consigue reestablecer el flujo aéreo nasal aunque se es dependiente de un dispositivo externo para
lograrlo.

Rehabilitación con la “maniobra de inducción de flujo aéreo nasal o “técnica del bostezo educado”
Esta maniobra no requiere de ningún aparato externo, pero el paciente debe aprender a crear
voluntariamente el flujo de aire en la cavidad nasal de forma totalmente independiente a la
respiración. Antes de la operación, cuando se acercaba por ejemplo, a oler una flor, inspiraba con
fuerza para estimular con el epitelio olfativo, pero tras la operación está acción será totalmente
ineficaz para poder oler.
La maniobra del bostezo educado en sí consiste en hacer movimientos descendentes de la mandíbula
y la lengua de manera repetida. La lengua, antes de descender deberá tocar el paladar duro, haciendo
un movimiento similar al que se hace al imitar el galope del caballo. Durante la maniobra los labios
permanecerán sellados y las arcadas dentarias, separadas.
Aunque la descripción puede parecer un poco tediosa, se trata de una técnica sencilla. En el
aprendizaje de la misma, no obstante, recomendamos ayudarse de un manómetro

 

Para utilizarlo un extremo del tubo se sitúa dentro de una narina mientras se tapa la otra. Cuando el
paciente realice la maniobra, se observa como el fluido dentro del tubo sube y baja. En los comienzos
el movimiento puede ser muy poco pero con práctica se logran movimientos de varios centímetros.
El manómetro sirve como aparato de feedback para verificar que se esta haciendo correctamente el
movimiento, pero el gran reto será realizarlo con estímulos olfativos. Se recomienda empezar con
estímulos fuertes, como el café e ir yendo a estímulos más sutiles poco a poco. De la misma manera,
los movimientos al comienzo son más exagerados, pero conforme se práctica se consigue realizar con
unos movimientos muy sutiles.

Esperamos que con este post os hayamos ayudado a entender porqué se produce la alteración del
olfato tras la laringectomía total y las opciones que tenemos para recuperarlo.

Para cualquier duda, consulta o sugerencia no dudes en
contactar con nosotras, estaremos encantadas de ayudaros.
¡Un fuerte abrazo y hasta la próxima !