El olfato y el gusto forman parte de muchos pequeños placeres cotidianos: disfrutar de una comida, reconocer un perfume, percibir el olor del café o recordar a través de un aroma. Sin embargo, tras un cáncer de cabeza y cuello, estos sentidos pueden verse alterados como consecuencia de la propia enfermedad y, especialmente, de sus tratamientos.

La radioterapia puede producir cambios importantes en la percepción del gusto, sobre todo cuando las áreas irradiadas incluyen la cavidad oral y las glándulas salivales. Algunos sabores pueden percibirse con menor intensidad, de forma diferente o incluso resultar desagradables. A ello se suma con frecuencia la disminución de la saliva, que también influye en nuestra capacidad para saborear los alimentos.

¿Qué ocurre después de una laringectomía total?

En las personas sometidas a una laringectomía total, la alteración del olfato tiene un mecanismo diferente.

Después de la cirugía, la vía respiratoria queda separada de la vía digestiva: el aire ya no entra por la nariz y la boca, sino directamente a los pulmones a través del estoma situado en el cuello.

Esto significa que, aunque la nariz conserve su capacidad para detectar los olores, el aire ya no circula por las fosas nasales de manera natural y los aromas llegan con mucha más dificultad hasta los receptores olfatorios.

La disminución del olfato repercute además en el gusto. Gran parte de lo que percibimos como “sabor” depende en realidad del olfato, por lo que muchas personas describen que después de la cirugía la comida ya no sabe igual.

Pero las consecuencias van más allá del placer de comer. No percibir adecuadamente los olores también puede dificultar la detección de humo, gas, alimentos en mal estado u otras señales de alerta de nuestro entorno.

El olfato también se puede rehabilitar

Una de las cosas importantes que debemos conocer es que el olfato puede rehabilitarse tras una laringectomía total.

Existen técnicas específicas, como la maniobra de inducción del flujo aéreo nasal, también conocida como bostezo educado, que permiten generar nuevamente una corriente de aire a través de la nariz y favorecer la llegada de los aromas al epitelio olfatorio.

La rehabilitación y el aprendizaje de estas técnicas pueden ayudar a recuperar parte de una capacidad que muchas personas creen perdida definitivamente.

En AMULAR entendemos la recuperación después de un cáncer de cabeza y cuello desde una perspectiva integral. Superar la enfermedad es fundamental, pero también lo es recuperar funciones, autonomía y calidad de vida.

Porque rehabilitarse también significa volver a disfrutar de aquello que parecía pequeño hasta que dejó de estar: oler una flor, reconocer un perfume, saborear una comida o disfrutar de un aroma que nos trae un recuerdo.

Volver a oler y volver a saborear también forman parte de la recuperación. 💜